martes 24 de noviembre de 2009

Donde escriben su nombre los desaparecidos


Dejaban sus sombras los tilos
acostadas en el umbral de la casa
y todo era armonía en la liturgia espesa
del sueño de la tarde.

Era el viento
seda entre las ramas.

Olía a tierra mojada
en cada una de las macetas
que parecían precipitarse desde los balcones.

Pasaba el agua en el arroyo
sin querer saber nada del mundo.

El mundo será suyo, junto a la vida,
mientras haya un hombre dentro del hombre
que sostenga en las manos
una luz suplicante.

De pie,
sobre la hierba
donde escriben su nombre los desaparecidos,
a pleno pulmón y en silencio,
doy gracias a la vida.

Carlos Gargallo (c)





lunes 16 de noviembre de 2009

En la cocina con Rimbaud

Estoy en la cocina
releyendo a Rimbaud.
Suena en voz baja
la radio con sus noticias
y anuncios de un aborrecido banco
que se atrevió a usar el color naranja,
(qué sabrán ellos lo que es un naranjo
y su azahar...)

Decía
que leía, como se lee a los grandes,
hacia el interior mismo del alma,
y huele a pan frito y café,
a humedad y desconsuelo
mientras los gorriones del alba
comienzan su son apasionado.

Así, lentamente,
se van desdibujando las horas,
es Domingo,
miro al techo, cierro los ojos
y sigo paseando por los verdes versos.

Carlos Gargallo (c)

viernes 6 de noviembre de 2009

Por un soplo de tu aliento

Caen las manos a los costados
en una sensación disidente;
es como si todos los mundos
se posaran a la vez
sobre la cabeza,
como una bruma persistente
fuera recorriendo
las aristas de las estrellas
que un día se dibujaron
en este corazón que llora.

Cada una de las rosas que rocé
se han marchitado,
cada fuente que encontré
quedó seca y sin vida.

Tengo que salir de aquí,
ya no aguanto más,
solo necesitaría de nuevo
el frescor de tu aliento,
tan solo eso.

Carlos Gargallo (c)

viernes 30 de octubre de 2009

Y estoy aquí

Y estoy aquí

en este limbo donde no me reconozco,
perdido en la bruma de un tiempo sin ocaso,
varado, más allá de las dimensiones conocidas.

Hubo un espacio de vida propia
y caminos con finales felices...,
(olvidé lo malo, os lo juro).

¿Como saldré de aquí,
donde solo los cipreses
cantan su tristísima canción?.

Carlos Gargallo (c)



martes 27 de octubre de 2009

El Eros de la muerte

Aquí canta el enigma de los bosques,

el desesperado intento de supervivencia,
la razón en lucha con lo oculto,
la sinrazón misma de la locura.

Hay un espectro llamado ansia.
Un brujo malvado rondando por las ramas,
la noche que se hace eterna.

El delirio estelar está presente en los balcones
mientras llueven lágrimas apócrifas
y un tumulto de sauces tristes
desfilando por el paisaje.

El Eros de la muerte
con su ponzoñosa mano,
alza el grito hacia la nube,
busca el labio sonrosado,
la inocencia violada,
la muerte
al final de la madrugada.

Cobarde afila los cuchillos,
rasga virginidad y mata.

Yo, llegué tarde.
No pude hacer nada.

Carlos Gargallo (c) "A las mujeres violadas"



domingo 25 de octubre de 2009

De madrugada

Se levantó y anduvo entre el silencio de la casa

que a esas horas, vestía de madrugada.
Abrió la ventana
y respiró profundamente,
lloró con amargura, fumó hasta toser,
miró a la luna y vió
que la luna lo miraba, que bailaban las estrellas,
tristemente, pero bailaban.
Soñó que estaba dormido,
caminó hacia la cama, rezó a las fuerzas muertas
sabiendo que seguían vivas,
cerró los ojos como nunca lo había hecho.

Despertó para siempre.

Carlos Gargallo (c)